Tierra de María

España es la nación que más batalló por el reconocimiento universal de la Inmaculada. Son innumerables los documentos que atestiguan, desde los siglos VII y VIII, que los reinos cristianos de la península celebraban su fiesta. Los reyes hicieron suyo el fervor popular, y también los santos, y los teólogos, que empezaron a escribir y a predicar sobre el misterio, y a llevar esta verdad por todos los rincones de Europa.

En 1761, Carlos III consagró España a la Inmaculada Concepción, poniendo bajo su protección a España, a las Indias y a todos sus dominios y creando la REal y Distinguida orden de Carlos III

EL MILAGRO DE EMPEL

La Batalla de Empel, llamado en España como Milagro de Empel, ocurrió los días 7 y 8 de diciembre de 1585 durante la Guerra de los Ochenta Años, en la que un Tercio del ejército español, el Tercio Viejo de Zamora, comandado por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla, se enfrentó y derrotó en condiciones muy adversas a una flota de cien barcos1​ de los rebeldes de los Estados Generales de los Países Bajos, bajo mando del almirante Felipe de Hohenlohe-Neuenstein. En España la tradición católica ha considerado que la victoria fue gracias a la intercesión de la Inmaculada Concepción

Durante esta Cruzada pediremos a la Inmaculada Concepción que no nos abandone: que sea en todo momento nuestra abanderada y que renueve para este ejercito de almas los milagros y favores que en otros tiempos concedió a nuestra patria.

Rogaremos su protección e intercesión para nuestro pais, para la Hispanidad y para toda la humanidad. Oraremos para que España sea consagrada a su patrona de nuevo, la Inmaculada como en lo hizo Carlos III en un acto oficial y os animamos también a vosotros a hacer este pequeño acto de consagración persona:

Inmaculada María, Bella Madre de Cristo y nuestra,
Palacio de Dios:

me consagro enteramente a ti, en la vida,
en la muerte y en la eternidad.

Quiero deliberadamente permitir que vayas tomando posesión de mí, para hacerme pensar, sentir, amar y actuar como Tú; siendo así plenamente signo de tu presencia en todas partes,
para contigo, hacer el bien a esta época,
realizando en ella la obra de tu Hijo.
 
Amén.